martes, 15 de enero de 2013

Capitulo 7 - Perdida entre los recuerdos


Mientras corría me dolía el pecho, cada paso que daba el dolor era más profundo, una voz me decía que no lo hiciera, yo corría mas y mas, la verdad es que creía saber a dónde iba pero era la mentira más grande que se me paso por la cabeza ¿A dónde iba? Me sentí cansada, muy cansada por lo que decidí parar a descansar un poco.
Caminaba lentamente, iba hacia la parada de autobuses, cada vez mas mensajes me llegaban al móvil “¿Estás bien?” Me escribía mi mejor amiga Maite, yo ignoraba esos mensajes ¿Por qué ella me preguntaba ese tipo de cosas? ¿Acaso sabía algo de lo que me estaba pasando?
Mientras caminaba algo raro pasaba, no sabía si era real, pero por cada paso que daba podía ver un recuerdo en la vida real. A lo mejor no era mío el recuerdo, o quizás sí.
Di el primer paso después de descansar, en menos de unos segundos todo se volvió oscuro, me di la vuelta, mire a la izquierda y derecha ¿Qué había pasado?
-¿Hola?-Dije asustada al ver todo oscuro.
En aquel instante vi a una niña más o menos de seis años, era yo, mi otro yo estaba con mi madre, las dos reían mientras ella le contaba un pequeño cuento.
-¡Entonces el lobo se comió a caperucita!-Dijo mi madre.
Ellas no podían verme, por lo que no podían saber que mi corazón se ablandaban y yo estaba en aquella misma habitación.
-¿Y qué paso mami?-Preguntó mi otra yo.
Mi madre miro el reloj, vio que era tarde por lo que cerró el libro rápidamente.
-Hija, ya es tarde, duérmete ya, anda.
Mi otra yo contesto y se tumbo en la cama, mi madre la tapo con aquellas grandes y gordas sabanas para que no pasase frio, en aquel momento había sonreído.
Volví a la realidad, pensé que todo había sido imaginaciones mías, por lo que el susto se me paso y volví a dar otro paso. Esta vez tenía ocho años, estaba en la playa sola caminando por la costa, llevaba el biquini puesto y estaba llorando, un chico se me acerco, era rubio de ojos azules, parecía tener mi misma edad.
-Hola-Dijo él.
-¿Quién eres?
-Eres muy guapa ¿Quieres conocerme?
Mi otra yo callo al ver lo que le pregunto y no pudo evitar reírse, yo al contrario estaba llorando. El tiempo paso como unos segundos y pude ver como los dos jóvenes jugaron en la playa, mi madre se acerco y me dio un grito.
-¡Keyla!-Dijo ella.
Mi otra yo fue corriendo hacia mi madre, pero antes de eso se acerco al chico rubio lentamente.
-Oye, dime tu nombre.
Quede sorprendida al oírme diciendo aquello, apreté mis puños con mucho miedo ¿De qué tenía miedo? No lo sabía.
-¡Keyla, ven ya!-Volvio a decir a mi madre.
Yo me acerque corriendo a la Keyla de ocho años, pero ella se alejo, no recordaban que no me podían ver, el chico rubio se quedo mirando de forma triste viendo como me iba con  mi madre, yo me acerque al niño, pareció susurrar algo:
-Mi nombre es… Teddy… Espero encontrarme contigo alguna vez…
¿Teddy? No podía ser, mire a los ojos aquel niño, no podía ser el Teddy que yo creía que era, estaba temblando, esto no era normal, lo peor aun es que me acordaba de ese recuerdo como su fuera ayer. Volví a la calle en la que estaba, di otro paso.
De repente no estaba en ningún sitio conocido, era un gran cine, claro, no me acordaba de aquel cine, tenia catorce años entonces, me acerque al lugar donde estaba sentada mi otra yo, la película era de miedo mientras el chico que había al lado de ella intentaba meterle mano, yo estaba realmente sorprendida como le rechazaba, yo no tarde en darle calabazas al chico y dejarle claro que no quería relaciones sexuales con él… Bueno, yo no se lo deje claro exactamente, fue mi otra yo para no confundiros, el chico me cogió de la muñeca y dijo algo:
-No quiero que este la cama vacía, sin ti… No me dejes.
Si, la frase fue cutre, mi otra yo no le hizo caso y se fue de allí, no le molesto a mirarle a los ojos, yo lo hice, me di cuenta que el me amaba de verdad ¿Cómo era su nombre? Le he olvidado…
Daba pasos por aquella calle y aparecía en lugares distintos, era increíble ver mi pasado desde los ojos que tenia ahora, descubrir mis errores y virtudes solo con observarme, nunca se me ocurrió intentar recordar el pasado.
El último recuerdo, di el último paso. ¿Qué? Ese no era ninguno de mis recuerdos, estaba en un lugar oscuro, mientras llovía, la gente estaba corriendo asustada mientras unos horribles monstruos se comían a la gente, parecía una cacería, estaba realmente perpleja ¿De verdad estaba viendo todo aquellos recuerdos y no recuerdos? En medio de toda la gente que huía había un chico de unos ocho años más o menos, me acerque para verle bien, era Teddy y estaba llorando una chica intentaba protegerle, le abrazo de golpe.
-Hermana, no quiero irme de Utopia… No quiero dejar este mundo.
-Hermanito, lo tendrás que dejar, ya verás que divertidos son los otros mundos.
La chica tenía un cristal en la mano ¿Qué era exactamente? Con solo apretarlo apareció una especie de puerta mágica, no entendía muy bien lo que estaba pasando, de repente Teddy fue empujado a esa puerta oscura, era como un agujero negro. Yo corrí a ver si podía meterme dentro también pero la puerta desapareció, la chica se levanto del suelo y una especie de espada apareció en su mano derecha, la joven empezó atacar a los monstruos, no tardo en estar rodeada.
-¡No!-Dije yo asustada.
La chica me miro ¿Me podía ver? Tenía miedo en ese momento ¿Por qué ella me podía ver?
-¿Eres Keyla?-Dijo la chica.
-Si… ¿Por qué me ves?
Ella no contesto a esa pregunta, no estaba asustada y tenía bastante miedo, temblaba de los nervios.
-Dije a mi hermano Teddy que Mady, que soy yo, le quiere mucho y nunca dejara de estar a su lado.
Ella se llamaba Mady, me había sonreído en aquel instante cuando una flecha le clavo el corazón me quede perpleja al ver tal imagen, ella cayó al suelo con una sonrisa, cerré los ojos con mucho miedo.
Desde que ella me dio aquel mensaje para su hermano, lo supe todo, descubrí la verdad y el oscuro pasado de Teddy, no entendía que era Utopia, pero me dio igual.
Al abrir los ojos vi que había cruzado la calle entera, ahora solo tenía que subir unas escaleras metálicas, así lo hice, subí corriendo. Al llegar a la estación de autobuses no había ni un solo autobús. Pero si había una batalla entre unos extraños hombres y Teddy, no me extraño, corrí hacia Teddy.
-¡Teddy, lo sé todo, se que tú te acuerdas de mí! ¿Aquel día que estuvimos jugando en la playa fue cuando llegaste a nuestro mundo ¿Verdad?
Teddy me miro de forma extraña, ahora no era el momento de charlar, los hombres parecían que le intentaban golpear pero Teddy no recibía ni un solo golpe de daño, todos los golpes que le daban le atravesaban, como si fueran de agua, el no se tomaba el combate en serio.
-¡Tu hermana Mady está junto a ti, te quiere y siempre estará a tu lado protegiéndote!-Dije con una gran sonrisa.
Le había entregado el mensaje de Mady a Teddy, me sentía feliz por hacer una buena obra, aunque le decía las cosas a gritos y el rubio estaba ocupado luchando contra esos tipos, sabía que él podía vencerlos y tenia poderes, lo estaba viendo con mis propios ojos. Uno de aquellos hombres me miro con una leve sonrisa.
-¡No!-Dijo Teddy-¡El combate es entre vosotros y yo mamones!
El hombre estiro la mano hacia a mí, tenía todos los dedos apuntándome, estos se alargaron y se convirtieron en barrotes de hierro de tamaños de sus dedos, quede sorprendida, se alargaban cada vez mas y demasiado rápido, no puse escapar. Esos barrotes fueron clavados en mi cuerpo, en mi estomago, en la pierna, en el brazo y el pecho. No llore, no grite, aun seguía sonriendo porque podía ver a Teddy muy enfadado.
-¡Magnas hijos de puta!-Grito Teddy.
Yo cerré los ojos lentamente, aunque sintiera mucho dolor, debía ser fuerte.

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