Mientras corría me dolía el pecho, cada paso que
daba el dolor era más profundo, una voz me decía que no lo hiciera, yo corría
mas y mas, la verdad es que creía saber a dónde iba pero era la mentira más
grande que se me paso por la cabeza ¿A dónde iba? Me sentí cansada, muy cansada
por lo que decidí parar a descansar un poco.
Caminaba lentamente, iba hacia la parada de
autobuses, cada vez mas mensajes me llegaban al móvil “¿Estás bien?” Me escribía
mi mejor amiga Maite, yo ignoraba esos mensajes ¿Por qué ella me preguntaba ese
tipo de cosas? ¿Acaso sabía algo de lo que me estaba pasando?
Mientras caminaba algo raro pasaba, no sabía si era
real, pero por cada paso que daba podía ver un recuerdo en la vida real. A lo
mejor no era mío el recuerdo, o quizás sí.
Di el primer paso después de descansar, en menos de
unos segundos todo se volvió oscuro, me di la vuelta, mire a la izquierda y derecha
¿Qué había pasado?
-¿Hola?-Dije asustada al ver todo oscuro.
En aquel instante vi a una niña más o menos de seis
años, era yo, mi otro yo estaba con mi madre, las dos reían mientras ella le
contaba un pequeño cuento.
-¡Entonces el lobo se comió a caperucita!-Dijo mi
madre.
Ellas no podían verme, por lo que no podían saber
que mi corazón se ablandaban y yo estaba en aquella misma habitación.
-¿Y qué paso mami?-Preguntó mi otra yo.
Mi madre miro el reloj, vio que era tarde por lo
que cerró el libro rápidamente.
-Hija, ya es tarde, duérmete ya, anda.
Mi otra yo contesto y se tumbo en la cama, mi madre
la tapo con aquellas grandes y gordas sabanas para que no pasase frio, en aquel
momento había sonreído.
Volví a la realidad, pensé que todo había sido
imaginaciones mías, por lo que el susto se me paso y volví a dar otro paso.
Esta vez tenía ocho años, estaba en la playa sola caminando por la costa,
llevaba el biquini puesto y estaba llorando, un chico se me acerco, era rubio
de ojos azules, parecía tener mi misma edad.
-Hola-Dijo él.
-¿Quién eres?
-Eres muy guapa ¿Quieres conocerme?
Mi otra yo callo al ver lo que le pregunto y no
pudo evitar reírse, yo al contrario estaba llorando. El tiempo paso como unos
segundos y pude ver como los dos jóvenes jugaron en la playa, mi madre se
acerco y me dio un grito.
-¡Keyla!-Dijo ella.
Mi otra yo fue corriendo hacia mi madre, pero antes
de eso se acerco al chico rubio lentamente.
-Oye, dime tu nombre.
Quede sorprendida al oírme diciendo aquello, apreté
mis puños con mucho miedo ¿De qué tenía miedo? No lo sabía.
-¡Keyla, ven ya!-Volvio a decir a mi madre.
Yo me acerque corriendo a la Keyla de ocho años,
pero ella se alejo, no recordaban que no me podían ver, el chico rubio se quedo
mirando de forma triste viendo como me iba con
mi madre, yo me acerque al niño, pareció susurrar algo:
-Mi nombre es… Teddy… Espero encontrarme contigo
alguna vez…
¿Teddy? No podía ser, mire a los ojos aquel niño,
no podía ser el Teddy que yo creía que era, estaba temblando, esto no era
normal, lo peor aun es que me acordaba de ese recuerdo como su fuera ayer. Volví
a la calle en la que estaba, di otro paso.
De repente no estaba en ningún sitio conocido, era
un gran cine, claro, no me acordaba de aquel cine, tenia catorce años entonces,
me acerque al lugar donde estaba sentada mi otra yo, la película era de miedo
mientras el chico que había al lado de ella intentaba meterle mano, yo estaba
realmente sorprendida como le rechazaba, yo no tarde en darle calabazas al
chico y dejarle claro que no quería relaciones sexuales con él… Bueno, yo no se
lo deje claro exactamente, fue mi otra yo para no confundiros, el chico me cogió
de la muñeca y dijo algo:
-No quiero que este la cama vacía, sin ti… No me
dejes.
Si, la frase fue cutre, mi otra yo no le hizo caso
y se fue de allí, no le molesto a mirarle a los ojos, yo lo hice, me di cuenta
que el me amaba de verdad ¿Cómo era su nombre? Le he olvidado…
Daba pasos por aquella calle y aparecía en lugares
distintos, era increíble ver mi pasado desde los ojos que tenia ahora,
descubrir mis errores y virtudes solo con observarme, nunca se me ocurrió intentar
recordar el pasado.
El último recuerdo, di el último paso. ¿Qué? Ese no
era ninguno de mis recuerdos, estaba en un lugar oscuro, mientras llovía, la
gente estaba corriendo asustada mientras unos horribles monstruos se comían a
la gente, parecía una cacería, estaba realmente perpleja ¿De verdad estaba
viendo todo aquellos recuerdos y no recuerdos? En medio de toda la gente que huía
había un chico de unos ocho años más o menos, me acerque para verle bien, era
Teddy y estaba llorando una chica intentaba protegerle, le abrazo de golpe.
-Hermana, no quiero irme de Utopia… No quiero dejar
este mundo.
-Hermanito, lo tendrás que dejar, ya verás que
divertidos son los otros mundos.
La chica tenía un cristal en la mano ¿Qué era
exactamente? Con solo apretarlo apareció una especie de puerta mágica, no entendía
muy bien lo que estaba pasando, de repente Teddy fue empujado a esa puerta
oscura, era como un agujero negro. Yo corrí a ver si podía meterme dentro también
pero la puerta desapareció, la chica se levanto del suelo y una especie de
espada apareció en su mano derecha, la joven empezó atacar a los monstruos, no
tardo en estar rodeada.
-¡No!-Dije yo asustada.
La chica me miro ¿Me podía ver? Tenía miedo en ese
momento ¿Por qué ella me podía ver?
-¿Eres Keyla?-Dijo la chica.
-Si… ¿Por qué me ves?
Ella no contesto a esa pregunta, no estaba asustada
y tenía bastante miedo, temblaba de los nervios.
-Dije a mi hermano Teddy que Mady, que soy yo, le
quiere mucho y nunca dejara de estar a su lado.
Ella se llamaba Mady, me había sonreído en aquel
instante cuando una flecha le clavo el corazón me quede perpleja al ver tal
imagen, ella cayó al suelo con una sonrisa, cerré los ojos con mucho miedo.
Desde que ella me dio aquel mensaje para su
hermano, lo supe todo, descubrí la verdad y el oscuro pasado de Teddy, no entendía
que era Utopia, pero me dio igual.
Al abrir los ojos vi que había cruzado la calle
entera, ahora solo tenía que subir unas escaleras metálicas, así lo hice, subí
corriendo. Al llegar a la estación de autobuses no había ni un solo autobús.
Pero si había una batalla entre unos extraños hombres y Teddy, no me extraño, corrí
hacia Teddy.
-¡Teddy, lo sé todo, se que tú te acuerdas de mí!
¿Aquel día que estuvimos jugando en la playa fue cuando llegaste a nuestro
mundo ¿Verdad?
Teddy me miro de forma extraña, ahora no era el
momento de charlar, los hombres parecían que le intentaban golpear pero Teddy
no recibía ni un solo golpe de daño, todos los golpes que le daban le atravesaban,
como si fueran de agua, el no se tomaba el combate en serio.
-¡Tu hermana Mady está junto a ti, te quiere y
siempre estará a tu lado protegiéndote!-Dije con una gran sonrisa.
Le había entregado el mensaje de Mady a Teddy, me sentía
feliz por hacer una buena obra, aunque le decía las cosas a gritos y el rubio
estaba ocupado luchando contra esos tipos, sabía que él podía vencerlos y tenia
poderes, lo estaba viendo con mis propios ojos. Uno de aquellos hombres me miro
con una leve sonrisa.
-¡No!-Dijo Teddy-¡El combate es entre vosotros y yo
mamones!
El hombre estiro la mano hacia a mí, tenía todos
los dedos apuntándome, estos se alargaron y se convirtieron en barrotes de
hierro de tamaños de sus dedos, quede sorprendida, se alargaban cada vez mas y
demasiado rápido, no puse escapar. Esos barrotes fueron clavados en mi cuerpo,
en mi estomago, en la pierna, en el brazo y el pecho. No llore, no grite, aun seguía
sonriendo porque podía ver a Teddy muy enfadado.
-¡Magnas hijos de puta!-Grito Teddy.
Yo cerré los ojos lentamente, aunque sintiera mucho
dolor, debía ser fuerte.
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