La universidad era gigante, había mucha gente
andando por los pasillos, todos eran jóvenes, parecían pasárselo bien, pero
claro, Aitor estaba cansado y no podía dormirse en medio de la clase mientras
el profesor explicaba, intentaba mantenerse despierto como pudiese, le estaba
costando demasiado mantenerse despierto.
-¿Aitor?
El joven abrió los ojos lentamente, pudo ver a una
chica ¿Quién era? No la reconocía, intento recordar y cerró los ojos, los
volvió abrir y vio que era Amy, se apellidaba Moore y era su mejor amiga, desde
su infancia siempre habían estado jugando y ayudándose uno al otro.
-Amy… ¿Qué ha pasado?-Preguntó Aitor.
-¡No se qué estilo de vida llevas! Pero te quedaste
dormido en clase y el profesor no se ha dado cuenta, me tienes que dejar algo
de tu suerte.
Aitor no dijo ni una sola palabra, no supo que
decir, miro a su amiga y se levanto de su sitio, despues observo su reloj y
eran las tres menos cuarto. Quedo bastante abatido al recordar que había dejado
a Fabián solo durmiendo en su habitación, aunque su compañero sabia cuidarse
solo, claro, no recordó que había perdido la memoria y era algo cruel.
-Amy, me tengo que ir, lo siento.
Aitor se fue corriendo de la clase dejando a Amy
sola, ella no supo cómo reaccionar. Aitor corría por los pasillos, aun no
habían acabado todas las clases, para él sí. Era el año tres mil cuatrocientos
cuatro y se deprimía, no le gustaba para nada en la época en la que vivía, el
planeta tierra ahora vivía solo de tecnología, había gente que no salía de sus
casas, otra que vivía entregada al trabajo, la cosa no era tan mala después de
todo, los robot hacían todo el trabajo que podían, los humanos se encargaban de
pocas cosas, era casi todo innecesario. El chico se paro al ver que en una gran
televisión que había en un edificio, una mujer estaba dando las noticias de la
tarde, escucho algo que le molestaba: Cada día los niños era abandonados a más
temprana edad. Era curioso ver como las madres se cansaban de tener hijos y los
abandonaban en orfanatos o simplemente en la calle, era algo bastante cruel.
Aitor por fin llegó a su casa tras una larga
caminata, entro a su casa y subió por las escaleras para ver si Fabián estaba
bien, abrió la puerta de su habitación y allí no había nadie, pero el cuarto
estaba igual de desordenado como esta mañana.
-Mierda…-Susurro el joven.
El chico salió de la casa lo más rápido que pudo,
se tenía que poner a buscar a su compañero ¿Ha donde podría a ver ido? No podía
recordar nada ¿O sí? El chico caminaba más rápido por las calles que estaban
desiertas, normalmente a esas horas solo había robot limpiando las calles, los
humanos estarían en sus casas viendo la tele o echando la siesta, ese no era un
dato que le interesaba a Aitor.
El joven andaba cada vez más rápido, estaba muy
preocupado por su amigo, entonces recordó a donde solían ir los dos cuando se
conocieron con quince años, Fabián tenía un año menos que Aitor.
En aquella gran plaza había una gran estatua de un
hombre y una mujer cogidos de la mano, era bastante bonita, estaba en el
centro, por los bordes había algunos árboles y flores, los niños jugaban
animadamente con una videoconsola, el lugar era bastante grande, Aitor se
acerco a aquellos niños al ver a que jugaban.
-¿A qué jugáis?
Los niños le miraron con curiosidad y le dijeron el
nombre del juego, Aitor se sorprendió y dijo que aquel juego jugaba mucho
cuando él tenía aproximadamente su edad, los niños le dejaron la videoconsola y
él se paso una partida, y otra más… Así seguidamente.
-¡Qué bien juegas!-Dijo un niño rubio.
Todos los niños estaban sorprendidos por verle
jugar, era bastante bueno, el juego trataba de salvar a una princesa. Aitor
miro a la estatua, allí había alguien, era Fabián, Aitor dejo la videoconsola a
los niños y se dirigió a la estatua.
-¡Fabián!
El chico le miro, Aitor se sintió mal por ver como
su amigo le miraba de esa forma humillante.
-Así que ese es mi nombre…-Susurro Fabián.
-¿Has olvidado el pasado de verdad o solo finges?
Fabián no dijo nada, se dedico a mirarle fijamente,
Aitor pudo ver que Fabián había cogido de su ropa que había tirada en el suelo
para vestirse, tenía que contarle todo lo que había pasado ¿Pero cómo?
-Volvamos a casa y te lo explicare todo, Fabián.
Los dos volvieron a casa de Aitor, allí en el
cuarto, Aitor se tumbo en la cama, había anochecido. Los dos esperaban que cada
uno dijese algo.
-¿Qué son los siete mundos?-Preguntó Fabián dando
el primer paso.
Fabián recordó que en el hospital un hombre le
hablo de los siete mundos, que el tenia que destruirlos, por supuesto, no le
creyó.
-Siete mundos que nosotros debemos proteger ¿No te
acuerdas? Yo fui nombrado el dios del fuego y tú el demonio de la oscuridad.
Fabián estaba interesado en ese tema, parecía
bastante interesante.
-¿Estábamos luchando solos?
Cuando Aitor escucho esa pregunta callo, no quiso
decir nada, recordaba sangre y muerte.
-Éramos siete compañeros… Pero en la guerra de los
elementos, solo sobrevivimos tú y yo.
El joven que no podía recordar se quedo perplejo al
oír eso, se alegro en ese momento de perder la memoria, para no llorar por esa
gente que murió, pero no pudo evitarlo, le dio pena, nadie merecía morir,
tampoco sabía lo que era la guerra de los elementos, no le interesaba demasiado.
-Y… ¿Quién era el líder del grupo? Había uno
¿Verdad?
Aitor no respondió a esa pregunta, apretó el puño y
se pensó la respuesta, le iba a parecer demasiado oportuno o triste.
-Eras tú, Fabián.
El silencio inundo la sala, Fabián no pudo evitar
pensar que el llevo a la muerte a todos sus antiguos compañeros que murieron en
la guerra de los elementos.
-No recuerdo nada, pero… Si yo era vuestro líder,
creo que debería vengar a nuestros compañeros.
Aitor sorprendido le miro, no sabía que su
respuesta fuera esa. Poco después Aitor le explico que cada uno de los chicos
tenía un elemento, el de Fabián era la oscuridad y el suyo el fuego, no tardo
en explicarle todo. Los siete mundos se accedían a través de portales, Aitor
había perdido todas las piedras que podían hacer para transportarse a los
mundos, tenía que volver a encontrarlas fuera como fuera, en cada uno de los
distintos mundos había cosas mágicas y distintas a todos, iba a ser divertido
empezar de nuevo, aunque ellos solo
fuesen dos.
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