Estaba pasando un mal momento en aquella época,
tres de marzo de tres mil cuatrocientos cuatro. Hace tres días me cambie de
colegio porque en mi antiguo colegio me humillaban y se metían conmigo, mi
nombre es Kayla y suelo ser una chica entrometida, tengo diecisiete años y…
¿Qué puedo decir de mi? Soy una chica normal y corriente.
Llegue a clase tarde como de costumbre, aunque solo
llevaba tres días en el nuevo instituto ¿Soy tonta? Mi reputación ya era mala
de por sí, pero aun así hice alguna que otra amiga. Me senté en mi pupitre y me
toco leer, después de aquello termino la
clase. Maite se acerco a mí con un libro, lo puso encima de la mesa.
-Toma, ya me lo he leído, muchas gracias por
dejármelo-Dijo ella.
Yo apenas la escuche, estaba embobada mirando a un
chico, era rubio y llevaba un gorro blanco, estaba rodeado de chicos y chicas.
-¡Oh no! ¿Te gusta Teddy?-Añadió Maite.
Me sonroje y me levante del pupitre de golpe, le
tape la boca como pude, nunca estuve tan roja, me empezó a gustar desde el
primer día que llegue al nuevo colegio, el fue la primera persona en saludarme.
-Es el chico más popular del instituto, no podrás
conocerle ni en sueños, tiene miles de amigos… Pero claro, son todos unos
interesados.
-¿Qué quieres decir con eso?-Pregunte interesada.
-La familia de Teddy tiene mucho dinero, es rica.
-No lo sabía…
En aquel momento Teddy se alejo del grupo en el que
estaba y se acerco a mi pupitre, creo recordar que no tardo demasiado tiempo en
hacerlo, miro el libro que su amiga Maite dejo en la pequeña mesa y lo cogió.
-¡Vaya, este libro me encanta!-Dijo él.
-¿En serio te gusta Crónicas de la luz?-Dije muy
animada.
Maite se quedo realmente sorprendida al ver como
Teddy se me acerco y me hablo… Aun tengo una pequeña duda con todo lo que había
pasado ¿Fue el libro lo que te trajo a mi? No me arrepiento de nada de lo que
paso en aquel momento, descubrir algo muy importante sobre ti; Te gustaba leer.
Los días pasaban, cuatro de Marzo, cinco, seis…
Siete.
Salí de pequeña casa, no era realmente grande y
elegante pero si era bonita, las ventana de cristal estaban tapadas por unas
cortinas mire al cielo y no era un día muy bonito que digamos, estaba nublado y
parecía que iba a llover, no me importo. Empecé a caminar hacia el instituto,
no podía parar de pensar en Teddy, desde que me hablo el día tres no se volvió
acercar a mí.
Cada paso que daba quedaba menos, aunque era algo
lógico. Tenía que cruzar la carretera, lo iba hacer, en menos de un minuto pude
observar como un coche iba atropellar a un niño ¿Cuántos años podría tener?
¿Seis? ¿Siete? Corrí lo más deprisa que pude y me puse en frente del niño para
que no le atropellasen a él, si no a mí ¿Por qué había hecho? El era demasiado
joven para morir y yo solo era una loca enamorada que no le importaba nada.
Toda mi vida paso por mi mente en unos segundos, recordé todas las navidades
que pase junto a padre y madre, mis abuelos y mi hermano pequeño, también
recordé la primera vez que conocí a mi hermana mayor, me llevaba bien con ella,
todas las relaciones que tuve con chicos, recuerdo que rompieron conmigo por no
querer tener relaciones sexuales, sí, soy virgen ¿Y qué? También se me paso por
la cabeza cuando me despedí de mis amigas de Francia para ir a este hermoso
país… Pero eso ya daba igual, todo acabo. Abrí los ojos y mire a todo lo que
había a mí alrededor, estaba todo oscuro.
-¿He muerto? No he sentido nada…-Susurre.
En frente mía apareció un chico, era Teddy corrí a
abrazarle, empecé a correr pero no conseguía alcanzarle, el muchacho me susurro
algo ¿Qué decía? No le escuchaba, intente leerle los labios “Vive, no me gusta
que la gente muera” Susurro el chico. Estaba perpleja, cerré los ojos de nuevo
y note como alguien me besaba, eran sus labios y lo más hermoso que había
vivido nunca. Abrí los ojos lentamente, ya no estaba en aquel lugar oscuro,
estaba en mi habitación tumbada en la cama, me levante lentamente ¿Lo que había
vivido fue real?
Baje por las escaleras lentamente, un escalón, dos,
tres…Estaba todo como siempre, me dirigí al salón donde estaría mi madre, abrí
la puerta y allí había una mujer, también había un niño sentado al lado de
aquella mujer.
-¡Mira, la chica que me ha salvado!-Dijo el niño
señalándome.
Me quede perpleja, no entendía nada ¿Qué había
pasado? Comencé a temblar ya que no recordaba que hubiera salvado aquel niño.
Su madre se levanto y se dirigió hacia a mí, me cogió de las manos muy
nerviosa.
-¡Muchas gracias, no sé quien seria ahora sin ti!
¿Cuál es tu nombre?
Aquella madre lloraba, ahora entendía lo que sentía
una madre por su hijo, poco después entendí que ella estaba dispuesta a darme
lo que sea por haber salvado a su pequeño.
-¿Mi nombre?-Le conteste nerviosa.
-Claro, para agradecértelo necesitare saber tu
nombre ¿No?
Cerré los ojos y lo volví abrir rápidamente, pero
todo seguía igual.
-Me llamo Kayla… Si, Kayla es mi nombre ¿Verdad,
mama?
Mi madre me miro de forma extraña, yo estaba
confusa y no entendía nada de lo que estaba pasando. Corrí hacia mi habitación
sin decir nada, registre los bolsillos de mi pantalón, no era más las sorpresa
al descubrir que había una nota dentro del bolsillo izquierdo “Te espero en la
parada de autobuses ¿Vendrás?” Quien lo hubiese escrito tenía una letra
realmente hermosa. Baje por las escaleras corriendo y salí de mi casa lo más
rápido que puse, en el papel no había hora así que no sabía si el que me la
había escrito estaba allí, corría lo más rápido que podía. Mi móvil empezó a
sonar, me pare para ver quién era, Maite parecía estar preocupada pero no le cogí
el teléfono y seguí corriendo hacia la parada de autobuses… Ojala no me hubiese
enamorado, ojala no hubiese ido a aquel lugar… Ojala le hubiera respondido la
llamada a Maite.
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