Todo estaba lleno de edificios, algunos eran muy
grandes y otros más pequeños, de mármol o de cristal, también habían pequeñas
casas de distintos, colores, era bastante bonito, la gente andaba rápidamente
hacia todos los lados, parecían tener prisa, era normal en aquella ciudad:
Ignis. La gente volvía e iba a trabajar, los niños jugaban con el balón en
medio de la calle y los estudiantes sacaban a sus mascotas de pasear ¿Qué
mascotas? Pequeños dragones de tamaños de un perro, gato, o cualquier animal de
compañía, aquella ciudad se especializaba en el dominio de los animales y en el
fuego. Un chico cubierto por un manto negro, su cuerpo está completamente
cubierto de vendas, lleva un pañuelo de color negro en la frente y una máscara
plateada cubriendo la parte inferior de su rostro, así solo se le pueden ver
los ojos que son azulados, tiene una bufanda azul, en su espalda cuelga dos
espadas y en su pierna derecha hay una especie de bolsa sujeta allí. El joven
andaba lo más rápido que podía, parecía tener prisa.
Las calles se tranquilizaron y el chico miro hacia
atrás, allí habían unos hombres de negro vestidos con esmoquin y corbata, los
hombres empezaron a seguirle corriendo, el chico enmascarado corría, era
rápido, parecía cansado hasta que se paro en frente de ellos, les miro y de su
bolsa pareció sacar algo, los hombres intrigados se preguntaron que iba a
sacar, pero no pudieron reaccionar a tiempo para hacer algo, tres de cuatro
hombres tenían clavado unas púas en la frente, era tétrico, el hombre que quedo
corrió hacia el lado opuesto del chico enmascarado, el joven, aunque no se le
pudo ver la cara se le noto una leve sonrisa y volvió a comenzar andar hacia el
frente con prisa. Llego a un edificio completamente de color blanco, sus
ventanas estaban tapadas por unas cortinas del mismo color que el edificio, el
joven se dirigió al lugar y entro, había bastante gente, entre toda esa
muchedumbre, había gente con uniforme de enfermeras y médicos, por lo que se
podía deducir que estaba en un hospital, varias miradas fueron dirigidas hacía
aquel hombre extraño que entro, se acerco a recepción, donde había una larga
cola, todos le dejaron paso, parecían asustados, el se acerco a la chica de
recepción y le miro fríamente.
-¿Dónde está la habitación de un chico que se llama
Fabián Esteve? –Dijo con voz dura y fríamente.
La chica asustada empezó a mirar el papeleo que
tenía en su mesa, lo hacía con bastante prisa, por fin lo encontró, ella quedo
sorprendida al ver el papel.
-Lo siento… Ahora no puede recibir visitas…-Dijo
ella.
El chico enfadado le quito la hoja de la mano
bruscamente, había muchas palabrejas allí, pero pudo ver la habitación en la
que se alojaba ese tal Fabián. El hombre
sin decir nada se dirigió a la habitación ciento cuatro de la cuarta planta,
subía escaleras rápidamente sin pausas pero con mucha prisa, en sus ojos se
notaba seriedad y recordaba lo que había leído en aquel papel sobre Fabián,
había sufrido una pérdida de memoria, en otras palabras tenia amnesia. El
enmascarado llegó hasta aquella habitación, aun no había entrado, había muchas
puertas en aquel pasillo, cada habitación estaba enumerada. El enmascarado iba
a entrar a la habitación cuando alguien salió, tenía unas gafas negra y vestía
de esmoquin, como lo otros hombres de antes con lo que se había enfrentado.
-Sabia que vendrías Aitor.
El chico enmascarado se el pañuelo de golpe y
seguidamente la máscara plateada así dejándose ver su cara por completo, su
pelo era oscuro y en su mirada había odio, se dirigió rápidamente hacía el
hombre.
-¿Qué le habéis hecho a Fabián?
El hombre se empezó a reír levemente y miro a Aitor
de forma severa y brusca, no dijo nada, solo se dio la vuelta y con su mano
izquierda hizo aparecer una especie de portal oscuro, el hombre lo atravesó y
Aitor dejando la máscara y el pañuelo en el pasillo tirado entro a la
habitación, allí se encontraba Fabián, otro chico con el pelo oscuro, estaba
semidesnudo encima de una cama blanca tumbado, solo tenía unos pantalones
cortos, lo demás no tenía nada encima, estaba durmiendo. Aitor puso al chico
encima de su espalda y salió de la habitación olvidando lo que antes había
tirado al suelo, le daba igual que la gente viese su cara en aquel instante, el
chico andaba rápidamente por el pasillo, cuando de repente pudo oír el grito de
una gran bestia detrás suya, miro hacia atrás, era terrible, había destruido el
pasillo entero y ahora se encontraba en un dilema, el monstruo tenía un pelaje
marrón y sus ojos eran rojos, lo peor de todo era su altura, era como un
elefante de grande y tenía la forma de un león y la cola de un lagarto, sus
dientes eran afilados como la de un cocodrilo, aquella bestia era sorprendente.
Dejo a su compañero apoyado en la pared.
-Mierda-Murmuro Aitor.
El chico saco sus dos espadas que colgaban en su
espalda, no tardo en hacerlo, miro a la bestia de forma desafiante y corrió
hacia ella, la bestia furiosa al ver que corría hacia ella, le dio con la mano
un fuerte golpe, Aitor choco contra la pared de la izquierda dejando una gran
abolladura, eso había dolido. El joven no se iba a rendir, estaba furioso,
apretó más que nunca sus dos espadas y pego un fuerte grito, en menor de unos
segundos él fue completamente rodeado de fuego, es más, él era el fuego, sus
espadas que sostenían tenían un aura roja. La bestia asustada dio unos pasos
hacia atrás.
-Me llamo Aitor Nolan, tengo veinte años y me
llaman el dios del fuego.
La bestia cada vez estaba más asustada y los
pasillos no le permitían girarse, Aitor corrió hacia ella furioso, el monstruo
pudo notar un calor debajo de ella, de repente pudo notar como algo se clavaba
en ella, la bestia gimió de dolor y cayó en el suelo bruscamente dando gritos
de dolor, Aitor la observo y el fuego que había en él desapareció, saco sus
espadas del estomago de la bestia y las puso donde estaban anteriormente, se
sintió mareado pero necesitaba continuar, agarro a su compañero de nuevo y lo
puso en su espalda con fuerza, camino hasta una habitación del hospital que
estaba vacía, había una ventana, la abrió y se preparo para saltar desde ella.
Cayo de pie y Fabián se encontraba en su espalda dormido. Toda la muchedumbre
que había por la calle en aquel momento observaban la cara del joven, estaban
asustados, de repente pudo ver un cartel en un tablón de anuncios que había por
aquella calle, se acerco a verlo, no era más la sorpresa que ver que pagaban
diez mil birias por su cabeza, las birias eran el dinero en aquella ciudad y
era un precio bastante alto, todos le miraban, el chico corrió por la calle, al
ver que la gente se sentía incomoda con él por esos lugares, comenzó a dar
grandes saltos hasta llegar a los techos de los edificios de la ciudad, los
cuales estaban desiertos, el joven corría por ellos con esperanza de llegar a
un extraño lugar, los saltaba a grandes distancias, era bastante rápido y hábil,
en el techo de aquel edificio cual salto había un pequeño cristal, había
llegado, Aitor lo toco con la palma de la mano y el cristal brillo con gran
fuerza, apareció un postal el cual Aitor no se lo pensó dos veces para
cruzarlo. Llegó a una habitación que se suponía que era suya.
-Ya estamos en nuestro mundo, en la tierra…-Susurro
Aitor.
Estaba cansado, pero no podía caerse ahora, dejo a
su compañero tumbado en su cama con cuidado, la habitación estaba bastante
desordenada, había mucha ropa por el suelo y también algunos que otros libros.
Aitor se empezó a quitar las vendas, bufanda y toda la ropa que tenía encima,
la dejo en suelo de forma desordenada, cogió unos pantalones normales y
corrientes, se los puso, seguidamente una camisa blanca y una chaqueta de color
roja, después de vestirse miro a su reloj, vio que eran las ocho y media de la
mañana, a las nueve tenía que ir a la universidad y no podía llegar tarde, por
lo que cogió su mochila y salió de la habitación dejando a Fabián durmiendo solo
en aquel lugar.
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